25 d’abril 2007

SOBRE EL NUEVO PARTIDO DEMÓCRATA ITALIANO Y EL FUTURO DE UNA IZQUIERDA SOCIALISTA

SOBRE EL NUEVO PARTIDO DEMÓCRATA ITALIANO Y EL FUTURO DE UNA IZQUIERDA SOCIALISTA


Rossana Rossanda*

22/04/07

Rossana Rossanda escribe con su habitual lucidez sobre la culminación del proceso de construcción de un gran Partido Demócrata de centroizquierda en Italia, un partido de estilo “clintoniano” en el que confluirían gentes procedentes del antiguo PCI y de la antigua Democracia Cristiana italiana.
”Hoy sólo ésto podemos decirte, aquello que no somos, aquello que no queremos”. Los versos de Montale vendrían aquí como anillo al dedo –salvo el respeto— a la penosa vicisitud del Partido Democráta, que debería ser un comienzo epocal y es hasta ahora una interminable negación. Esta semana, los congresos de disolución del partido de la Margarita [procedentes de la vieja democracia cristiana] y de los DS [Demócratas de Izquierda, procedentes del viejo partido comunista italiano] dirán lo que no quieren seguir siendo, pero no está claro lo que será el nuevo partido que debería nacer en otoño. Lo quieren “grande” y “reformista”, sin mayores precisiones. Fassino se duele de que los periódicos den espacio a las trifulcas, no siempre amistosas, entre los dirigentes, pero ¿a qué, si no, cogerse? Scalfari propone que también se disuelvan los dirigentes, cediendo la palabra a un país que no se pirra por tomarla. Por lo demás, ¿qué agrupación podría ser expresión de una Italia que, como se lee en el mismo periódico en un análisis de Ilvo Diamante, es un enredizo de intereses a los que llamar corporativos ya es mucho, de una Italia, añade d’Avanzo, maleada por inveteradas servidumbres?
Es en este silencio que se buscan luces en el inventario de la herencia del siglo XX (qué padres van al Panteón y cuáles al trastero), dedicándose a ellos este o aquel líder un día si y otro no. La última de los DS es que dejan fuera a Berlinguer e incorporan a Craxi: de su historia no tienen nada que salvar. La Margarita se traiciona menos, sea por virtud, sea por reticencia. En comparación, SDA [Socialismo Democrático Autónomo] y UDC [Unión de Demócrata-cristianos y Demócratas de Centro] brillan con claridad: el primero quiere rehacer el Partido Socialista italiano, colectando sus restos dondequiera que se hallen; el segundo se propone hacer lo mismo con la ex-democracia cristiana. Ni Boselli ni Casini se entretienen con los padres, no sea que se irriten algunas susceptibilidades. Boselli, con el nuevo PSI, recoge las banderas laicas dejadas caer por los DS; y Cassini nada menos que la idea de un moderantismo católico que se desvincularía de Berlusconi. Mientras que el Partido Democráta en fase de constitución se inspiraría, según Veltroni –que es su heraldo—, en Bill Clinton, sin raíces de parte nuestra.
El convidado de piedra de toda esta historia, quien ha sido asesinado y se espera sepultado, es la raíz socialista de la izquierda. El socialismo ha sido declinado de muchas maneras, pero una idea fuerte estaba en su base: la insoportabilidad política, a la luz de la modernidad, de un modo de vivir y de producir tan desigualador e instrumental como el capitalista, no regulado sino por el mercado. Respecto de los remedios, si con reformas o con revolución, ha habido disputas entre socialistas y comunistas, pero que ese “sistema” era intolerable, por la falta substancial de libertad que comporta para la grandísima mayoría de los hombres (para todos quienes no poseen medios de producir), era un lugar común. Pero a fines de siglo ese mismo sistema ha alcanzado dimensiones mundiales, gobierna no sólo a través de los estados, sino a los mismos estados, y ha traído consigo un crecimiento de las desigualdades de proporciones desconocidas en el siglo XX. Ya Debord decía: nunca la injusticia ha sido tan enorme, y nunca se había protestado menos.
Esa es la “novedad” de lo que se define como izquierda modernizada, de la que el PD sería el mayor exponente. Se resigna a la prioridad de los capitales sobre cualquier finalidad política, sobre cualquier idea de sociedad, sobre cualquier oro derecho de la persona o de un pueblo. Se arrepiente de haber creído en y luchado por una sociedad en la que el capital cayera abatido, o fuera domesticado, o cuando menos, puesto bajo control. Es esa renuncia lo que se presenta como modernización, es la consigna del mercado como regulador único. “Todo ha cambiado”, es la letanía de los DS, prontos a abandonar cualquier adjetivación no sólo comunista, sino “socialista” y aun “de izquierda”. Mas con eso abandonan también su base social histórica, la de los trabajadores dependientes, asalariados, no sólo obreros y empleados, sino también la figura de lo que Gramsci llamaba “bloque histórico de la revolución italiana”, hoy los declinantes campesinos y los ascendentes dedicados a los servicios y a la producción inmaterial, y los intelectuales.
Cuando se lamenta la crisis de la política, sería obligado analizar de quién y de qué masas procede el desapego (se prefiere decir “de la gente”, siendo “masas” y sobre todo “clase” términos innombrables). Y sin embargo, no es sino a los desiguales intereses e ideales de las diversas franjas de la población que responden los partidos con sus diversos programas. El PCI, y luego el PDS [Partido de la Izquierda Democrática] y los DS, han apelado, a decir verdad con cada vez menor determinación, al trabajo y a los trabajos diversamente dependientes –única forma de acceso al ingreso, y por ende, a la posibilidad de vivir— o a la fuerza de trabajo en formación, como los jóvenes y los estudiantes. Y mientras antes se batían contra toda tentativa de reducirles los derechos, ante todo al empleo y a su fuerza contractual, hoy consideran, en cambio, que tienen que subordinarse a la competitividad de la empresa, exponiéndolos a la presión del dumping procedente de las zonas de Europa y del mundo en que el trabajo está peor pagado. Y aceptan que el estado, y en general, la esfera política, no pueda ya intervenir en la deslocalización de las empresas hacia esas zonas, dejando indefensa a la mano de obra, brazos y cerebros que habían conquistado mayores derechos y compensaciones en las zonas socialmete más avanzadas. Italia estuvo hasta los años 80 entres esas zonas. Desde entonces, también para el PCI, el PDS y los DS, el derecho al trabajo y los derechos del trabajo han pasado a segundo plano respecto de la competitividad de la empresa, que significa producir con mejor calidad y menor precio (en Italia, en la práctica, con menor precio, dada la escasa propensión de nuestras empresas a invertir en calidad). El declive de los grandes partidos de izquierda viene ante todo de la pérdida de confianza de los trabajadores en la capacidad y en la voluntad de esos partidos para defenderles. Y si se objeta que, dada la globalización, defenderlos resulta imposible, el resultado viene a ser el mismo o abisma en la desorientación y la desesperación.
No es éste el lugar para `profundizar en el asunto; baste señalar que nadie es tan bobo como para no saberlo, que en esto ha tropezado el proyecto de constitución europea y que sobre esto calla también, embarazado, el futuro Partido Demócrata. Difícil resulta, de hecho, vislumbrar en sus opciones algo que permita distinguirlo de un centro moderado. Incluida la renuncia a cualquier política económica: en estas últimas semanas han pasado por delante de las narices del gobierno y de casi toda la oposición dos operaciones archimillonarias. Una, llevada a cabo por el ENI y por ENEL –nacidas y crecidas del dinero público—, que han comprado partes de la rusa Yukos por cuenta de la rusa Gazprom. Y otra, de Telecom, que acabará en manos mexicanas y estadounidenses, dejando sobre la joroba del estado más de 80 mil dependientes, a quienes, de uno u otro modo, habrá que prestar asistencia. No existiendo todavía, el PD no podía decir palabra, pero a sus progenitores, aun si en trance de bajar el telón, les ha parecido bien así, que la política no puede oponerse al mercado. En substancia, que no pueda haber ya una política económica y social. Adiós política.
Pero entretanto los capitales se vuelven locos, han descubierto el modo decrecer comprando y revendiéndose a sí mismos, gigantescos tulipanes de Galbraith, humus de incursiones predatorias, tan feroces como transitorias. Y existen los trabajadores dependientes, que también lo son quienes se creen autónomos pero dependen de las marejadas levantadas por las propiedades cambiantes. Y junto a ellos, un cuarto de la población constituida por desempleados, trabajadores precarios y excluidos del mercado de trabajo, los nuevos pobres. ¿Quién les representará? ¿Sólo el sindicato, más allá y a pesar del gobierno y la ex-izquierda?
Ya se comprende que alguien como el secretario de la FIOM [Federación italiana de obreros metalúrgicos], Rinaldi, explique que él, nacido en el PCI, no podrá ahora adherirse al PD. ¿Pero tendrá una gran fuerza política detrás? Porque, de hecho, no está todavía claro si las izquierdas que se sitúen a la izquierda del futuro PD, ya vengan de los DS, ya lleven tiempo fuera, pretenden asumir la tarea de una representación del trabajo a la altura de los tiempos, es decir, al menos, el horizonte de un capitalismo regulado, que es en realidad el mínimo de los mínimos. Ninguna de ellas, por sí sola, puede triunfar en esta empresa, que entraña un análisis en profundidad del presente, de las formas que adopta el salariado directo o indirecto conforme a las tendencias de los capitales mundiales, solapados con los intereses de la única superpotencia heredada del siglo XX, los EEUU, y de las nuevas superpotencias emergentes en el tercer milenio, por lo pronto, China. Ninguna de esas fuerzas de izquierda, por sí sola, sin confluir con las otras y con los sindicatos y los movimientos en Europa, podrá tener algún peso a escala mundial.
¿A qué esperan para darse este orden del día? Y, si puedo avanzar una opinión personal, ¿a qué espera Il Manifesto para hacer de este asunto el eje de su actual campaña? Porque aquí se enlazan, en formas inéditas y nunca examinadas por el movimiento obrero del pasado siglo, las nuevas necesidades y las nuevas subjetividades que han ido apareciendo desde 1968, aun si no parecen darse cuenta, con los movimientos no-global. Se trata de cosas muy otras que medir las fuerzas con la policía, terreno siempre abonado a retrocesos y derrotas, que termina por captar nuestra atención más emotiva. Se trata de saldar cuentas con la gigantesca expansión de un liberalismo que parecía haber quedaddo atrás a mitad de siglo, y particularmente en Europa. Sin contar demasiado con las contradicciones, las cuales –como dice fundadamente Wallerstein— no pueden llevar sino a guerras comerciales, realimentándose siempre a costa de los pueblos.
Muchos proponen astilleros sociales [Cantieri sociali, el nombre de una asociación italiana que se propone formar redes de movimientos sociales en conexión con estudiosos e investigadores hostiles al pensamiento neoliberal. N.T.], y algunos –como el compañero y amigo Pierluigi Sullo— se duelen de que el nombre inventado por [el semanario] Carta les haya sido arrebatado. Pero si quiere decir que aquí tienen que poner a trabajar muchos, no lo lamentaré. Si, en cambio, se pretende que todavía hay que discutir qué es lo que ha de construirse, si puede ser o no, y si es deseable, una vía de salida de las actuales formas de la globalización, quién ha de ser y quién no el sujeto de la ruptura, si ha de defenderse todavía el “trabajo” o si, como he llegado a escuchar en una universidad, la cosa no interesa ya a nadie, si, en suma, cada sigla dice estar abierta pero en la práctica defiende su propia parcela de jardín, nos merecemos por anticipado la hegemonía del naciente Partido Demócrata, esto es, por bien que vaya, una de las fases más aburridas de la historia de Italia.
* Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto.

22 d’abril 2007

PRIVATIZACIÓN DE LA GUERRA

PRIVATIZACIÓN DE LA GUERRA

Matteo Dean*
La Jornada, México.20 de abril de 2007

Se dice que en Irak, inmediatamente detrás del ejército estadounidense, la segunda fuerza de ocupación son los al menos 25 mil efectivos desplegados por las empresas privadas militares y de seguridad. El dato numérico nos ayuda a ver la magnitud de un fenómeno existente desde hace al menos 15 años, mismo que se está convirtiendo en el elemento central de las guerras del presente y del futuro: la privatización de la guerra.

De los nuevos mercenarios se tiene registro en las guerras de los Balcanes, en Sierra Leona, pero también en Colombia, en Afganistán, y en todos los escenarios de guerra de la última década y media. La presencia de la llamada PMC (Private Military Company, por su sigla en inglés) en las guerras recientes bien habla no sólo de cómo ha venido cambiando el carácter de las conflagraciones presentes y futuras, sino también viene a confirmar lo que podríamos definir como conformación del ejército mercenario global.

La caída del Muro de Berlín obligó a los grandes ejércitos a remodelarse frente a las nuevas y desconocidas condiciones, liberando gran cantidad de profesionales, hombres y mujeres, adiestrados y preparados para la guerra. En un principio es natural que todos estos expertos de las armas busquen otra forma de ganarse el pan, es decir, vender lo que saben hacer: la guerra. Se constituyen así decenas de empresas privadas de seguridad, sobre todo en Estados Unidos, Inglaterra, Sudáfrica, con miembros de todos los países: estadounidenses, sudafricanos, israelíes, chilenos, serbios, croatas, etcétera. De la misma manera, los ejércitos nacionales están obligados a reconsiderarse a partir de los nuevos escenarios bélicos que se presentan: ya no existe la guerra entre estados nacionales, sino las llamadas operaciones de policía internacional, las misiones de peace-keeping, entre otras.

Estados Unidos, única potencia militar de cierto nivel, se erige de forma totalmente arbitraria en gendarme mundial y no pierde tiempo en señalar al nuevo enemigo, objetivo de su potencia político-militar: los dictadores primero, los terroristas después, inventando en ambos casos categorías totalmente arbitrarias, anónimas y, en ciertos casos, adjudicándose potestades para actuar fuera de su territorio.

En esta nueva guerra ya no se enfrentan dos ejércitos regulares, sino un poderoso ejército y un enemigo desterritorializado. Crecen las empresas privadas, gracias al dinero que ofrecen (en promedio un mercenario estadounidense percibe hasta 10 veces más que un soldado del ejército de ese país) los gobiernos, el de Estados Unidos sobre todo, y así firman contratos y delegan operaciones.

Recurrir a empresas privadas significa ahorrar dinero en la más clara aplicación de la subcontratación productiva, pero significa también cubrir esas misiones políticamente delicadas (homicidios, interrogatorios "fuertes", misiones en territorios no beligerantes) y ahorrar vidas en el seno del propio ejército, elemento de suma importancia para el consenso público nacional alrededor de misiones difícilmente justificables.

Y quienes hoy piensan que los mercenarios posmodernos -llamados con el nombre tan profesional de contractors- no son sino una degeneración de los ejércitos nacionales, quizás deberían pensar que éstos, fundados alrededor de mitos como la patria y el honor, derivan precisamente de los mercenarios medievales. Ya desde ese entonces, grupos de profesionales vendían sus habilidades al que mejor pagaba. Luego surgieron los estados nacionales y toda la mitología del servicio a la patria ofrecido por un ejército pagado y preparado por el Estado, mismo, que tenía así el monopolio del uso de la fuerza. Un mito que viene cayendo, toda vez que hoy cualquiera puede tener un ejército propio. Y como en ese entonces, quizás hoy también, las fuerzas militares privadas son susceptibles de cambiar de bando, según la oferta económica que reciban, así como están interesadas, sin duda, en la existencia de guerras y en la prolongación de éstas (es emblemático el caso del conflicto en Sierra Leona).

En la configuración imperial, la aristocracia de las multinacionales y los grupos de poder fáctico hoy tienen su ejército de ex militares para controlar e imponer, para conquistar e intimidar. Un ejército sin nación, pero con patrón, ese imperio que busca la manera no de ordenar, sino de controlar el caos que provoca su sistema económico.

Aunque las Naciones Unidas, por conducto de la Convención de Ginebra, prohiban explícitamente el uso de mercenarios, lo cierto es que hoy las guerras ya no se declaran, sino que se anuncian y se pelean. Al mismo tiempo, hay guerras que no resultan tales, sino que son conflictos locales, son estados de tensión, aunque más gente las defina como guerras de baja intensidad. Y ahí encontramos las empresas privadas de seguridad que se ocupan de todo el negocio de la guerra: desde el transporte de tropas hasta las provisiones de materiales, desde el resguardo de estructuras hasta los interrogatorios de prisioneros y las batallas propiamente dichas.

Se trata de una transformación en el modo de hacer guerra que nos recuerda el modo de hacer política. Ya no existen ideas o principios que defender, sino el dinero que es capaz de poner banderas y escudos y cambiarlos de color todas las veces que sea necesario. La movilidad de los políticos entre un partido y otro se refleja en la movilidad de estos profesionales de la violencia, asesinos a sueldo y especuladores de las guerras decididas en nombre del negocio colectivo de la aristocracia imperial.


Periodista italiano y corresponsal en México.

20 d’abril 2007

ELOGI D´AL ANDALUS

ELOGI D´AL ANDALUS

Josep Vicent Lerma
Levante, 18 abril 2007


La conjuntura mundial després de la bíblica caiguda de les torres bessones de Nova York el 11 de setembre del 2001, ha propiciat una maniquea estigmatització genèrica de l´islam i la cultura àrab, que en el cas espa­nyol ve marcat al seu torn per la infàmia del 11 de març del 2004, afavorida ací per una nova fornada reaccionària de revisionistes orgànics, de la mena de Pío Moa o César Vidal, mestres en la deslegitimació de la història acadèmica entorn de la nostra guerra civil.

En aquest ordre de coses i després de dècades d´esforçats estudis protagonitzats per arabistes i investigadors, com ara E. Llobregat, P. Guichard, M.ª J. Rubiera, C. Barceló i tutti quanti, sobre la història del passat islàmic de la franja oriental espanyola o Sharq al-Andalus, en els quals ha quedat provat d´una manera categòrica com les poblacions hispanoromanes autòctones van ésser islamitzades i arabitzades progressivament no més enllà de la implantació del Califat de Còrdova en el segle X de l´era comú, tal com testimonien les nombroses troballes de pissarretes amb alfabets àrabs, gravats sobre ossos d´escàpules bovines, emprades en l´aprenentatge infantívol dels signes epigràfics aràbics.

Per bé que, tots aquests il·lustrats esforços en la millora dels coneixements universitaris sobre esta fecunda etapa cultural andalusina, segons pareix no han segut prou per a immunitzar a determinats sectors de pensament fràgil sobre ciclotímics episodis d´inseguretats i dubtes existencials relatives a les nostres pròpies característiques identitàries com a poble -assenyalades per autors com Vidal Beneyto-, el natalici del qual fa 750 anys ja celebràrem brillantment durant el bienni 1988-89, en commemoració de l´epifania conquistadora del rei Jaume I. Rebrotat context que no pot per menys que rememorar el mític exemplar de la revista Saó de juny de 1987 titulat «Moros? o cristians», en el que es debatia entorn dels possibles excessos d´una morofilia folklòrica difosa per les diferents comarques valencianes.

Paisatge psicològic col·lectiu orquestrat durant la transició en què recalen periòdicament noves promocions vernacles d´aquests nous falcons esmentats més amunt, com el cap de la institucional revista Debats J. C. Laínez, l´arabofòbia del qual li ha impel·lit ara a mamprendre una croada contra la iniciativa de la Unió Europea d´estudiar la posada en marxa d´emissions en llengua àrab per part de la cadena televisiva Euronews, destinada potencialment als milers d´emigrants musulmans residents en els països europeus (Levante-EMV, 4-4-2007), o a propalar els seus esbiaixats prejuís sobre la societat musulmana andalusina com a pràcticament illetrada, oblidant d´una manera intel-lectualment borda que una de les obres mestres de la literatura hispanoàrab, El collar de la coloma, d´Ibn Hazam, va ésser escrita en la ciutat de Xàtiva; que l´antiga Daniya (Dénia) va allotjar prestigioses escoles d´estudis lexicogràfics i corànics, o que Balansiya (València) es va guarnir amb la dar­rera presència del sefardita Ibn Gabirol.

Casuística en què trobarien el seu natural acomodament les peregrines bajanades, més pròpies de pati de escola, del periodista de províncies D. Sala sobre l´arquitectura islàmica, arruixades el passat gener: «Verdad es que el carácter utilitario de la arquitectura islámica, al contrario de la cristiana que pone sus miras en glorificar a Dios y dejar testimonio de ello a la posteridad, no se presta tanto a su conservación» (sic), i és que ja se sap que la ignorància és molt atrevida, perquè oblida totes les polítiques urbanes del medieval consell municipal de València, enregistrades als Manuals de Consells dels segles XIV-XV, encaminades a esborrar sistemàticament qualsevol indici monumental del passat sarraí de la nostra ciutat, així com la fonda espiritualitat de construccions com ara l´Alhambra de Granada, per exemple, la complexa ornamentació ­geomètrica de la qual repetida fins a l´infinit en les algepseries i rajoleries dels seus murs i voltes, no fa una altra cosa que lloar l´eternitat del Déu únic.

Fenomenologia, el paradigma estatal de la qual es troba sens dubte, en la histriònica petició de disculpes per la conquista àrab de la Península Ibèrica en el 711 de l´inefable xarrador neocon de la FAES, José M.ª Aznar.

Laberíntica foguera de vanitats ideològiques en què no pot estar absent, precisament per dialèctica, la vindicació patriòtica del expresident del Tribunal Constitucional Jiménez de Parga: «...en el año 1000, cuando los andaluces teníamos, y Granada tenía, varias docenas de surtidores de agua de colores distintos y olores diversos, y en algunas de esas llamadas comunidades históricas ni siquiera sabían asearse los fines de semana».

Per consegüent i a manera de corol·lari, semblaria poc intel·ligent renegar gratuïtament d´una herència cultural tan valuosa de la qual han evolucionat institucions tan llegendàries com ara el mateix Tribunal de l´Aigües de l´Horta, metaessència de allò valencià, en una formació social molt més madura, moderna i multicultural del que alguns creuen, com és la societat valenciana actual, més enllà de rancis valencianismes gòtics o singulars revivals epigònics amb ribets xenòfobs.

*Arqueòleg

14 d’abril 2007

EL GRAN SÍNDROME DE ESTOCOLMO

EL GRAN SÍNDROME DE ESTOCOLMO


El histórico fracaso de la izquierda autoritaria para crear un "modelo" de sociedad distinta al capitalismo evaporó la noción de socialismo. En el mejor de los casos, ésta volvió a la utopía, es decir, al cajón de los sueños irrealizables o, peor, se convirtió en la pesadilla irrecuperable del siglo XX. Ante ese abrupto "fin de la historia", las personas de izquierda se replegaron, abrumadas por el triunfo arrollador del nuevo "pensamiento único".

Para los vencedores, en cambio, una vez desarbolado el conflicto de la vieja sociedad de clases, el camino se aclaraba bajo la sombra acogedora de la democracia, último estadio de la evolución social posible. Así, liberada de toda amenaza real, la utopía capitalista hallaba al fin las condiciones para su plena realización: sin enemigos a la vista dejaba de ser un producto ideal para convertirse en realidad concreta.

Pero el sueño, heredado de la guerra fría y puesto a punto por los discípulos de Hayek, duró poco. La democratización llega tarde o no llega, pero en todo caso no consigue un "nuevo orden mundial" más justo. La mundialización arrasa cualquier localismo, subvierte el vínculo histórico de las naciones con sus territorios, despierta gigantescas migraciones y desata la religiosidad como última instancia enajenada y hostil ante la uniformidad de los valores occidentales dominantes. El resentimiento pasa a ser la normalidad espiritual de millones de hombres y mujeres desarraigadas de su entorno cultural: la xenofobia, el racismo se alzan como muros enormes contra la "integración" de los estigmatizados.

Sin embargo, la globalización avanza como si fuera un fenómeno natural irresistible, pero no lo hace sin auspiciar la violencia, entre otras cosas, porque no es un hecho neutral, ajeno a la preminencia de ciertos intereses y estados que aún mantienen el monopolio de la soberanía, cuando no del más viejo chauvinismo. Impuesta, mas no asumida desde adentro, la globalización se concibe como una fuerza ajena, externa, que, sin embargo, trastoca profundamente la vida local y recrea la desigualdad. Lejos de extinguirse, el conflicto se agudiza en ciertas regiones del planeta, pero ante el terrorismo el Imperio responde con terribles palos de ciego que profundizan la incertidumbre. Reaparece el sueño orwelliano en nombre, ahora, de la democracia. En las calles de las metrópolis, una suerte de variado neoludismo hace del rechazo absoluto la opción, pero éste no logra imponerse. La crisis de perspectiva relativiza la protesta; no la anula, pero le resta eficacia, la hace casi soportable.

No obstante, pese a todo, la utopía capitalista también se derrumba como ideal colectivo. La desconfianza y el valemadrismo se apoderan de capas enteras de la juventud. Los partidos no interesan. La democracia le da igual a contingentes variados y crecientes. La solidaridad deja de ser un valor primordial ante la victoria del individualismo que, gracias a la hegemonía mediática, es devorada por la "sociedad de consumo". Y es en esa vuelta de la historia donde, ironías posmodernas, algunos decretan la muerte de la izquierda. "En su hora de triunfo general, el capitalismo ha convencido a muchos de aquellos que alguna vez lo creyeron un mal evitable, que es un orden social necesario y, ya puesto en la balanza, hasta saludable", escribe Perry Anderson en su provocador ensayo Renovaciones.

La proclamación solemne de una nueva síntesis social-liberal, una tercera vía "más allá de la izquierda y la derecha", caricaturiza la intervención del Estado y magnifica la fuerza del laissez faire, del individualismo, tanto en la economía como en la política. En otras palabras, la izquierda reciclada bajo la fórmula del compromiso padece una suerte de síndrome de Estocolmo respecto del capitalismo, pero en el extremo opuesto, dice Anderson, también "se sobrestima el significado de los procesos contrarios al capitalismo". Sin una crítica comparable a la de Marx en su época, no hay alternativa, concluye.

No debería olvidarse, empero, que el socialismo es, sobre todo, expresión del movimiento real, no una mera construcción teórica o ideológica, aunque también lo es. Los ideales socialistas han inspirado cambios, reformas y revoluciones justo porque se plantean mejorar la vida en la tierra y no en los cielos, donde todas las religiones prometen la salvación de las almas, la perfección o el castigo eterno. Por eso, más que predicar sobre las virtudes imaginadas de una hipotética comunidad, hoy los socialistas tienen ante sí los problemas que impiden avanzar hacia una sociedad menos desigual o deshumanizada, confrontando ideas y experiencias. A la pregunta de qué buscan, no responden de una vez para siempre, si bien se reiteran ciertos temas, como la necesidad de fortalecer el derecho a la equidad poniendo límites a la lógica del mercado y a la jerarquización social de ella derivada; la voluntad de asegurar grados crecientes de participación de la ciudadanía en la gestión de los asuntos que le conciernen y, en definitiva, la transformación del Estado -de un genuino Estado laico- en un instrumento al servicio de la mayoría, capaz de recrear los espacios públicos en vez de suprimirlos.

Ninguno de estos grandes apartados es incompatible con la democracia; todo lo contrario. Pero su cumplimiento exige mucho más que la periódica participación electoral de los ciudadanos. Requiere intensa actividad organizada, capacidad para hacer la crítica del Estado y disolver la idea de "masa" en los individuos concretos que se reconocen, no en la burocracia que pretende representarlos, sino en los planteamientos que se esgrimen para unir y convencer.

En este contexto, imaginar un mundo mejor es inevitable. Reformar la economía, la política, la cultura y garantizar la libertad no es coser y cantar, pero reiniciar el camino es el único horizonte para evitar que la lumbre llegue a los aparejos. Hablo de México, por supuesto.


Adolfo Sánchez Rebolledo
La Jornada, México. 12 de abril de 2007

11 d’abril 2007

«ES NECESARIO DEFENDER UNA EDUCACIÓN LAICA QUE INCLUYA LA ENSEÑANZA DE TODAS LAS RELIGIONES»

«ES NECESARIO DEFENDER UNA EDUCACIÓN LAICA QUE INCLUYA LA ENSEÑANZA DE TODAS LAS RELIGIONES»

Antonio García Santesmases.
Político, profesor de Filosofía en la UNED y experto en el panorama religioso actual

La Nueva España. Asturias. 08-04-2007. Lorena Canto.

Antonio García Santesmases es profesor de Filosofía en la UNED y experto en la situación social de España. Fue miembro del comité federal del Partido Socialista Obrero Español y participó en la vida política de España como portavoz de Izquierda Socialista y como pensador. Su último libro, «Laicismo, agnosticismo y fundamentalismo», narra la situación de la religión en la educación y habla del caso musulmán ligado a los fundamentalismos. El experto eligió La Felguera (Langreo) como punto de partida para la promoción de su obra. En esta entrevista deja de lado su vocación política y se adentra en el debate entre Iglesia y Estado, dejando en evidencia ciertas contradicciones como que el Estado apruebe la ley del matrimonio homosexual y no elimine sus lazos con la Conferencia Episcopal.

-¿En qué se basa su obra?

-Trata de rescatar el debate en la sociedad española sobre el problema del laicismo. El laicismo tiene mala prensa. Se le achacan muchas cosas; por ejemplo, ser equiparable al totalitarismo, a la dictadura, o a la ausencia de valores, al relativismo. El modelo más cercano de laicismo está en la República Francesa, es la que inspiró a la II República en España. Si el modelo del laicismo responde a lo que se vive en Francia, yo me pregunto ¿qué modelo de laicismo está vigente en España? En España no tenemos modelo laico, sino simplemente un modelo no confesional.

-¿Y qué diferencias encuentra entre estos dos modelos?

-Hay que remontarse a los acuerdos de 1978, después de la dictadura y cuando se fraguó el estado español con el acuerdo de la Constitución. Se le concedieron a la Iglesia católica diversos privilegios que han complicado las cosas para contar con un principio de laicidad en España. Una de las consecuencias es el problema de la enseñanza de la religión en los centros públicos, una enseñanza que hoy es confesional. Un ejemplo de este poder es que la Conferencia Episcopal elige a los profesores y decide sobre la rescisión del contrato de cada uno de ellos.

-Usted habla de los antecedentes históricos, pero ¿cuál es su opinión sobre esta situación?

-Me parece una situación negativa, sobre todo desde la perspectiva social donde estamos, es decir, un panorama donde confluyen muchas religiones. La pregunta sería qué preferimos. Es necesario, a mi juicio, un Estado laico, un Estado que no esté vinculado a una confesión determinada pero que permita la enseñanza en los colegios de la historia y de la cultura de cada una de esas religiones. Este mapa sería el ideal y el camino que habría que seguir.
-¿Por qué?

-Tal como está la situación de la religión en la educación, ¿qué beneficio se obtendría de que cada alumno se fuera a una clase de religión distinta? Sería un caos. Lo interesante sería una confluencia, un diálogo entre las religiones y aportar por una educación intercultural.

-Por lo que dice, supongo que, para usted, no se da esta situación.

-Es cierto que comienza a abrirse el debate. Existen sectores no oficiales que apuestan por este diálogo, aunque todavía queda mucho por hacer.

-¿Cuál será el futuro si se continúa con este panorama?

-Como no se cambie el modelo, no sé cómo puede terminar. Mi esperanza es que, a la larga, los responsables políticos se den cuenta de que no se puede mantener la situación actual en materia de religión.

10 d’abril 2007

El “capitalismo del ladrillo” y sus coartadas

José Antonio Pérez Tapias
Profesor de la Universidad de Granada.
Diputado socialista

De tanta inmersión en el capitalismo hemos perdido la distancia para la crítica. Se nos ha olvidado mirar en el revés de sus prácticas para ver de qué se trata. Ya es síntoma de su dominio el que ni siquiera nos atrevamos a llamarlo por su nombre, como si de un dios celoso se tratara. A lo más, hablamos del mercado, como si éste fuera un ámbito económico impreciso. De ahí la necesidad de vencer las resistencias y llamar a las cosas con el nombre que para ellas inventamos. En el caso que nos ocupa es el de “capitalismo”, que es palabra que nos sirve para designar el sistema económico en el que nos movemos o, más bien, que desde hace tiempo nos mueve. En él, los bienes concurren al mercado como mercancías cuyo valor de cambio queda fijado en el punto en que se cruzan oferta y demanda para establecer el precio, con un elemento añadido de crucial importancia: el dinero mismo deja de ser sólo mero intercambiador, para tener también un precio, llamado interés, el cual, al convertirlo en mercancía especialmente valorada, lo transmuta en capital.

El modo de producción capitalista no funciona para la sola satisfacción de las necesidades humanas, articulando formas de intercambio que faciliten esa tarea, sino que funciona para la acumulación misma de capital. No puede ser de otra manera cuando el dinero es mercancía y la acumulación de capital, criterio con que medir la producción de riqueza. Ocurre, además, que en un régimen fuertemente competitivo, la mayor acumulación de capital, que es el objetivo que marca la lógica del sistema, tiene que ser en el menor tiempo y al menor coste. Los salarios no pueden sino cotizar a la baja y el uso de las fuerzas productivas ha de realizarse al alta. Eso es eficiencia, que es eficacia a tenor de las “leyes del mercado”.

El capitalismo ha logrado que dichas “leyes” acaben regulando, si no explícita, sí implícitamente, los demás ámbitos de la sociedad. Todo valor se traduce a precio. No sólo los productos del trabajo, sino también éste –y con él el trabajador- se somete al precio con que se lo tasa, lo cual no supone que por hacerlo legalmente sea en todo caso una tasación justa. Es la falsa ilusión según las apariencias de un contrato que presupone la simetría de partes desiguales. Lo más grave que esa trampa encierra es que la dinámica mercantilizadora, sin nada que la limite, arrasa con todo hasta no dejar espacio ni para la defensa de ese valor que nunca debiera reducirse a precio: la dignidad de cada individuo. Para evitarlo, qué menos que domesticar ese mercado siempre tendente al “capitalismo salvaje”. Tal ha sido la tarea de un Estado social y democrático de derecho, capaz de frenar algo las pretensiones de un capital cuya lógica conlleva la explotación de los “recursos humanos”.

Sucede, como paradoja de una situación en que el Estado, a pesar de su achicamiento ante la globalización del capitalismo contemporáneo, puede todavía salvar derechos sociales y económicos al lado de los civiles y políticos, que para aumentar los beneficios el acento se desplaza, y más a falta de innovación tecnológica, a esquilmar con mayor intensidad los “recursos naturales”. Eso no lo oculta un capitalismo financiero que, en la escala macro del mercado global, se apoya en las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, y es descaradamente cínico, pues ni se esmera en dotarse de coberturas ideológicas. En su reverso, tal capitalismo de grandes movimientos bursátiles cobija otro de bajos vuelos en la escala micro de nuestras realidades sociales. A esa escala no conviene un cinismo tan claro, por lo que al tener en el punto de mira la explotación abusiva de recursos naturales se hacen indispensables diferentes coartadas. Algunas se esgrimen en relación con ese recurso que engañosamente se nos presenta como siempre disponible: el suelo. ¿O es que no queda territorio sin colonizar urbanísticamente?

Ahí viene a parar una burguesía alicorta que hasta hace poco andaba sacándole jugo a las rentas de la tierra y que hoy, como oligarquía local subalterna, se alía con las grandes constructoras. Para encubrir las pretensiones de negocio redondo, las coartadas que se utilizan apelan a preocupaciones de los mismos que van a entrar en el juego padeciendo la desventaja de cartas tan trucadas. Se reparte juego aduciendo que hay que crear riqueza para todos, generar empleo para quienes más lo necesitan, contribuir a la financiación de ayuntamientos con sobrecargas sociales, apostar por un crecimiento que nos coloque bien ante el futuro, promover el turismo –¡a ser posible “cultural”!- que para nuestro desarrollo necesitamos, construir aparcamientos para hacer habitables nuestras ciudades… Si hace falta se inventa un campo de golf, aunque el agua sea recurso más que escaso. ¿Quién se va a oponer? ¿Qué político no va transigir si “todos ganamos”, como corresponde a un capitalismo que hasta se autodefine como “participativo”, y todo es políticamente correcto, como corresponde a empresas que invocan la responsabilidad social y hasta ecológica?

Pero tanta conjunción de intereses no impide que el suelo se agote al amparo de una nefasta ley “popular” que estableció que todo él era urbanizable mientras no se declarara lo contrario. Las contradicciones saltan por doquier: se edifican miles de viviendas a precios inasequibles para quienes no las tienen, se construyen grandes superficies comerciales contra los criterios del buen sentido, se proponen teleféricos para acabar con el paisaje que se debiera proteger… Y todo a mayor gloria de un capitalismo para colmo poco competitivo que, cabalgando un asilvestrado urbanismo depredador, nos quiere vender la burra de sus desmanes. “Capitalismo del ladrillo” es su nombre, denominación de origen que si no pasa a la historia, como aquella de “capitalismo carbonífero” con la que se conoce el que se desarrolló al calor de la primera revolución industrial, sí denota aquello que puede torcer nuestra historia por impedir el desarrollo sostenible que necesitamos. ¿Se nos pedirá que todos contribuyamos, por mor de la solidaridad, cuando reviente la “burbuja inmobiliaria”? ¿Seguiremos soportando la ley del embudo que suponen los costes públicos para beneficios privados?

(Artículo publicado en La Opinión de Granada el día 8 de abril de 2007)

03 d’abril 2007

MANIFIESTO APOYO LEY DE IGUALDAD

Queridas amigas y amigos:
La Federación de Mujeres Progresistas (FMP), junto con otras personas y organizaciones que componen el Foro por la Igualdad ha comenzado una Campaña de recogida de firmas al Manifiesto en apoyo de la Ley de Igualdad

Efectiva de Mujeres y Hombres, recientemente aprobada en el Congreso, a la que considera un hito histórico en nuestro país y un ejemplo de promoción de la igualdad en el resto del mundo.

Consideramos que la exigencia por Ley de ciertos derechos, hurtados durante años a las mujeres, merece un compromiso de toda la ciudadanía que cree en la equidad y la justicia social.

Con esta Ley, tanto Mujeres como Hombres, están más próximos a compartir responsabilidades familiares, trabajo y poder. Es por ello que consideramos fundamental el apoyo explícito de ambos sexos a la misma, y como forma de ejercer tus derechos y deberes de ciudadanía en una democracia participativa, te pedimos que "firmes" tu apoyo a la misma.

La fórmula es fácil:

Entra en: http://www.fmujeresprogresistas.org/formularioigual.htm

Y rellena el formulario, enviándolo a la dirección de correo que ponemos a tu disposición en la misma página:

foroporlaigualdad@fmujereprogresistas.org

No sólo podemos hacer oír nuestras voces cuando disentimos de algo, o cuando negamos nuestro voto, sino que como ciudadanas y ciudadanos debemos dejar constancia de nuestra aprobación a aquello en lo que creemos que va a ser, como en este caso, un motor de transformación social.

Hazte oír. Hazte ver.

Un cordial Saludo

Enriqueta Chicano Jávega

Presidenta FMP y miembro del Foro por la Igualdad

Marzo de 27

FORO POR LA IGUALDAD (MANIFIESTO)

Las mujeres y organizaciones abajo firmantes, entendiendo que:

* A los poderes públicos corresponde promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de toda la ciudadanía en la vida política, económica, cultural y social. (Artículo 9, 2 de la Constitución de 1978).

* La igualdad entre mujeres y hombres es un principio jurídico universal, reconocido en diversos textos internacionales sobre derechos humanos, ratificados por España.

*La igualdad es, asimismo, un principio fundamental en la Unión Europea que desde la entrada en vigor del Tratado de Amsterdam, el 1 de mayo de 1999, constituye un objetivo que debe integrarse en todas las políticas y acciones de la Unión y de los Estados miembros.

*Con amparo en el antiguo artículo 111 del Tratado de Roma, se ha desarrollado un acervo comunitario sobre igualdad de sexos de gran amplitud e importante calado, a cuya adecuada transposición se dirige, la Ley de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres.

*Las mujeres y los hombres son iguales en dignidad humana e iguales en derechos y deberes.

* La Ley de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, que se aprobará próximamente en el Congreso, tiene por objeto hacer efectivo el derecho de igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, en particular mediante la eliminación de la discriminación de las mujeres, sea cual fuere su circunstancia o condición, en cualesquiera de los ámbitos de la vida y singularmente, en las esferas política, civil, laboral, económica, social y cultural para, en el pleno desarrollo de los artículos 9,2 y 14 de la Constitución, alcanzar una sociedad más democrática, más justa y más solidaria.

Manifestamos que: apoyamos el contenido de la LEY ORGÁNICA PARA LA IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES, porque:

* Nos sitúa en el pleno ejercicio de la democracia corrigiendo fallos de representatividad de las mujeres.

* Desarrolla y consolida los valores de justicia y de igualdad en todas las relaciones humanas.

* Despeja amenazas de involución política y social al contribuir a completar la democracia.

* Reafirma la necesidad de promover políticas públicas de igualdad con instrumentos como la acción positiva, que tanto nos ha costado conseguir desde los movimientos asociativos.

· Enriqueta Chicano Jávega
· Ángela Díaz Olivares
· Julia García Vaso
· Sonia Lamas Millán
· Teresa López López
· Ana Mª Pérez del Campo
· Ana Mª Ruiz-Tagle Morales
· María Sáinz Martín
· Mariqueta Vázquez Albertino

Madrid 15 de marzo 2007

Nancy Gimenez Lencina
Secretaría Junta Directiva
C/ Ribera de Curtidores , 3
28005 - Madrid
Tel. 91 539 97 99
fmp@fmujeresprogresistas.org