15 d’octubre 2007

PATRIOTISMO DE VERDAD

PATRIOTISMO DE VERDAD


Cándido Marquesán MillánHistoriador. Agrupación Socialista de Alcañiz

Con una mezcla de estupor y pesadumbre acabo de contemplar las acciones del Partido Popular en torno a la Fiesta del 12 de octubre-no se sabe a ciencia cierta qué se celebra, si es la Fiesta de la Hispanidad, la de la Raza, de España, de la Virgen del Pilar…- , sobresaliendo el vídeo diseñado por los asesores de imagen del Sr. Rajoy, o el escrito que todos los alcaldes populares debían leer. Por más vueltas que le doy, no tengo muy claro por dónde empezar. El grotesco vídeo, auténtica proclama nacional-católica y su puesta en escena pueden servir de un manual de semiótica. Está todo: la bandera, el toque bibliotecario, el semblante serio, grandes dosis de caudillismo, el haber sido grabado el discurso, como si estuviéramos al borde del precipicio. Para añadir más leña al fuego, convertir el desfile del 12 de octubre en un acto de protesta contra el presidente Rodríguez Zapatero ignoro qué réditos electorales acabará dando, mas no parece serio este proceder en un partido que tarde o temprano llegará al poder. Debe, tiene que ser en las Cortes, en el debate parlamentario, donde se da a conocer la alternativa política a la ciudadanía. Aprovecharse de un acto presidido por el Jefe del Estado y de homenaje a las víctimas en misiones de paz, para llevar a cabo políticas partidistas y de desgaste político del adversario no parece serio ni responsable.

Además este uso monopolístico descarado de todo un conjunto de símbolos por parte de un partido político no me huele bien. Sin cuestionar la importancia que para algunos pueden tener los himnos, las banderas, las fiestas nacionales o los desfiles militares a la hora de forjar un sentimiento nacional, considero que por envolverse en una bandera, entonar un himno, festejar con pompa y boato una fiesta nacional, o asistir a un desfile militar no se es más patriota. No debemos olvidar lo que dijo a finales del siglo XVIII, Samuel Johnson “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. Tal como acaba de señalar Jesús Maraña. Me parece más acertada la definición de “patriotismo” hecha por Mauricio Virolli, entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. Para el politólogo italiano la virtud cívica o política se define como el amor a una patria, entendiéndola no como una vinculación a la unidad cultural, étnica y religiosa de un pueblo, sino como amor a la libertad común y a las instituciones que la sustentan.

Esa virtud cívica es la que se debe fomentar, por ello “Es urgente instruir a los jóvenes sobre la historia de nuestra patria, enseñarles a amar a quienes lucharon por nuestra libertad”. El autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria y sus lacras ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura. Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo. Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales. Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles, que para neutrales ya están (o deben estar) los jueces. Este es el verdadero patriotismo. Y como el movimiento se manifiesta andando, el auténtico patriotismo se manifiesta a la hora de no poner trabas a que todo un colectivo de españoles, enterrados todavía en las cunetas, se les reconozca como merecen y que determinados símbolos fascistas desaparezcan de los edificios públicos. En condenar una dictadura que dio origen a uno de los períodos más tenebrosos de la Historia de España. En ayudar a que todo un conjunto de instituciones políticas y sindicales, o particulares españolas recuperen su documentación, que les fue robada injustamente para poner en marcha una vergonzosa represión. En reconocer de una manera auténtica una España plural, no de boquilla. En permitir que determinadas personas españolas sin discriminación alguna de sexo puedan regularizar jurídicamente su situación personal. En no boicotear los intentos de paz para tratar de solucionar una de las lacras más graves de la democracia española. En valorar en su justa medida el esfuerzo encomiable en atender a todo un conjunto de personas españolas dependientes que no se valen por sí mismas. En saber reconocer todo un conjunto de medidas de carácter social como: cheque-bebe, servicio gratuito de dentista para los niños, cheque para que los jóvenes puedan acceder a la vivienda. En permitir que toda la juventud española sea educada en todo un conjunto de valores ciudadanos.

Ese es el auténtico patriotismo. No el de envolverse en banderas, ni el de entonar himnos, ni el festejar fiestas, ni presenciar desfiles militares. Tristemente conocemos a donde nos ha conducido ese patriotismo. Ojo, esa concepción del patriotismo, produce miedo a muchos españoles. Y entre ellos estoy yo.

MONARQUÍA Y DEMOCRACIA EN ESPAÑA

MONARQUÍA Y DEMOCRACIA EN ESPAÑA

Marcos Roitman Rosenmann
El Clarin. 13 de octubre de 2007


La casa real de los Borbones es la única cuyos imperios ganados sobre la base de la usura, el expolio, el sometimiento y la violación de los derechos de los pueblos de la vieja Hispania y sus colonias fue restaurada en el siglo XX. En tanto institución política, es parte de un pasado antidemocrático cuyas formas de ejercicio del poder no están acordes con el despliegue de una ciudadanía plena.

Pensar en un jefe de Estado vitalicio de renovación hereditaria fuera de la ley, como es el caso español ya que sigue sin jurar la Constitución que se firma en las cortes constituyentes el 6 de diciembre de 1978, es un contrasentido.

Si además agregamos la discriminación de genero por la ley sálica, estamos ante un oscuro régimen político impuesto tras el franquismo. A pesar de ser las monarquías un anacronismo histórico, su presencia se debe a una lucha contra la revolución democrática, comenzando en Inglaterra y siguiendo en los Países Bajos, salvo excepciones como la francesa, que acabó con ella; su mantenimiento en el siglo XIX y XX es puro continuismo. En la Europa del este, su par, el zarismo, tuvo su debacle con la revolución rusa. Y más allá del tipo de Estado, la monarquía no encaja en la construcción de una sociedad abierta al pleno ejercicio del desarrollo de las libertades y la igualdad jurídica de los derechos fundamentales. Disfrutar de una nobleza y de cortesanos vinculados con una Cámara de Lores formalmente constituida o implícitamente articulada, con títulos nobiliarios que le otorgan favores, supone romper el criterio de la movilidad social ascendente y una falta de coherencia en la legitimidad del estado social de derecho solventado en la idea de la democracia como práctica plural de control y de ejercicio del poder. Si no se puede elegir al máximo dirigente de un país, ni siquiera el concepto de democracia representativa cabe aplicar. Por ello ninguna, repito, ninguna monarquía ha sido restaurada en el siglo XX, quizás por vergüenza. Lo cierto es que el movimiento ha sido en sentido inverso: se han sustituido por su carácter reaccionario. Hoy no se trata de guillotinar a sus miembros, ni hablar mal de sus linajes. Hablamos de construcción política y proyectos sociales. No discutimos acerca de la benevolencia y la corrupción de carácter, sino de formas de gobierno y sus implicancia para la vida cotidiana, un ejemplo de transparencia, de ética y de convivencia. En España ni las cuentas se pueden tener. No se sabe lo que se gasta, ni lo que se tiene.

Las monarquías dieciochescas no cansadas ni de mandar, para subsistir han sido conceptualizadas como parlamentarias salvando el escollo de ser un régimen periclitado. Con ello se quiere hacer notar que la figura de la reina o el rey cumple una función protocolaria. Nada más falso. El caso de Bélgica, donde el monarca abdicó por 24 horas cuando su ciudadanía aprobó el aborto en referendo, mostrando su desagrado y asumiendo un consejo de regencia para más tarde volver a sentarse en él, es prueba de su poder.
En España, la restauración es parte del proceso de transición comprendido entre 1969, fecha del nombramiento del príncipe en las cortes del tirano como sucesor en la jefatura de Estado a su muerte, hasta la elección del PSOE (1982). En este periodo se fragua el acuerdo entre el franquismo modernizador, encabezado por Manuel Fraga –creador más tarde de Alianza Popular–, los tecnócratas, ideólogos articulados con las reformas políticas de UCD, Adolfo Suárez, Martín Villa, Juan José Rosón y una oposición liderada por el PSOE adscrita a la monarquía, junto a un Partido Comunista que renuncia a la ruptura democrática renegando de la forma republicana de gobierno. Así, con la muerte del tirano, el 20 de noviembre de 1975 no se produce un vacío de poder. Las instituciones están en pleno rendimiento. La destrucción de una oposición al establecimiento de la monarquía se produce entre 1972 (reunión de Munich) y 1976, reprimiéndolo, cuyo clímax estuvo en la creación de la plataforma de organismos democráticos, labor que dejó en manos del PSOE y del PCE. Así, la reforma política que disuelve las cortes en referendo el 15 de junio de 1976 se alza como continuidad posfranquista sin Franco. Fraga es contundente al señalar el éxito del proyecto. Sólo se reforma aquello que se quiere mantener. Con estas palabras tranquilizaba a los militares, a la Iglesia católica y a la banca.

¿Pero en que consiste el mito de la democracia monárquica española? En dos relatos. El primero plantea que los españoles votaron la monarquía con la Constitución en 1978 y que su instauración es, por tanto, democrática, ya que la Constitución es democrática, una tautología. Aquí no se separa el origen bastardo acordado en las cortes franquistas y se olvida que por la cadena de sucesión quien debía, en caso de acceder, era don Juan de Borbón, el padre del rey. La carta de Juan Carlos I pidiéndole a su padre dicho acto es significativa. Encubrir esta realidad ha supuesto recrear otra. Se construye un falso demócrata. Emerge un rey forjador del consenso político, lleno de virtudes. Se trata de fortalecer la corona. Conclusión: sin el rey no hay transición democrática. El relato es claro: el entonces príncipe engañó a Franco. Le hizo creer que mantendría los principios del movimiento, los cuales juró, razón por la cual no jura la Constitución si no cometería perjuro. Es decir, no le engaña. Pero sus acólitos presentan otra versión: aniquiló al franquismo, legalizó a los enemigos de su mentor, comunistas y socialistas. Es un demócrata. Si éste es el primer mito, el segundo está dentro de la contingencia y se refiere a la intentona golpista del 23 de febrero de 1981. En ese instante, se dirá, se mantuvo leal al orden constitucional, impidió que las fuerzas armadas derrocasen a la frágil democracia. Salva a España. Gracias a su persona gozamos de libertades, paz y democracia. ¿Pero es verdad? Lo cierto es que se mantuvo en silencio durante siete horas. Además, mantenerse fiel a la Constitución era su deber; no es tan cierto que su talante fuese democrático. Las pruebas presentadas por los generales y cuerpos de seguridad indican que la casa real dio luz verde. Pero la maniobra se torció. Aun así, en España, una sociedad cortesana, bobalicona y miédica asume que sus monarcas son intocables, por ello censura revistas, lleva a la cárcel a quienes queman retratos y se retrotrae al siglo XVIII, quizás porque nunca ha salido de él, aunque lo crea, sigue siendo provinciana y caciquil, por ello monárquica.

Ni la monarquía ni sus mitos se sostienen. Es tiempo de la república, así sólo sea por memoria histórica y por dignidad democrática. Su pueblo se lo merece.

09 d’octubre 2007

IS Y VICENT GARCES A BRUSELAS

IS Y VICENT GARCES A BRUSELAS

José Cobos Ruiz*

Diario de Córdoba. 06/10/2007

La semana pasada tomó posesión ante la Junta Electoral Central como miembro del Parlamento Europeo. Una labor para él que, a buen seguro, sabrá desempeñar con brillantez, tras una dilatada vida dedicada a la política. Porque mi buen amigo, el valenciano Vicent Garcés i Ramón (Lliria, 1946), ha sido en ella casi de todo, especialmente en el antiguo Reino de Valencia, desde que, entre 1979 y 1987, ejerciera como concejal en el Ayuntamiento de aquella capital. Diputado provincial, entre 1979 y 1983, y brillante parlamentario en Les Corts, entre 1987 y 1999.

Desde su salida de la primera línea institucional ha ejercido como miembro del Comité Nacional del PSPV-PSOE y en la portavocía federal de Izquierda Socialista, corriente de la que fue fundador y de cuyo buen hacer puedo dar cumplida fe, por pertenecer ambos desde hace varias décadas a su coordinadora federal. Con anterioridad, durante los años 80 y 90, ha sido miembro del Comité federal, dirigente de la Federación de Partidos Socialistas de España y del Partit Socialista del País Valenciá, entre los años 1975 y 1978, año éste último en el que se afilió al PSOE y con anterioridad incluso, en la segunda mitad de los años 60, delegado del Sindicato Democrático de Estudiantes en la Universidad valenciana, donde más tarde se incorporaría como docente a su prestigioso claustro de profesores. A comienzos de los años setenta ejerció en Chile, durante el Gobierno de Salvador Allende, como colaborador del Ministerio de Agricultura, época en la que estuvo afiliado a su partido socialista.

Pero si destacada fue su trayectoria política, más aún lo ha sido su gran labor profesional. Ingeniero agrónomo por Valencia, estudió también en el célebre Institut Agronomique Mediterranéen de Montpellier, donde se especializó en Planificación y Desarrollo Rural. El doctorado lo cursaría en el Institut National Agronomique de París, especializándose más tarde en Desarrollo Económico y Social por el Institut d´Etudes pour le Développement de la capital del Sena. Entre 1975 y 1979, impartió docencia en el Departamento de Política Económica de la Universidad de Valencia, así como, desde 1999 hasta la actualidad, en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad Politécnica de la capital del Turia.

De igual modo, ha participado en multitud de Foros y Congresos, habiendo dejado su brillante impronta como ponente en Porto Alegre, La Habana, Cancún, México DF, Florencia, Mumbai, Atenas o París entre otras capitales, en las que aportó su saber de carácter técnico y social con numerosos estudios sobre campesinado, desarrollo rural y poder local, reforma agraria, seguridad alimentaria, etc... Ha sido Consultor Regional de la FAO/ONG-OSC para Europa en varias ocasiones, entre ellas en Montpellier (Francia) en el año 2004 y en Riga (Letonia) en el 2006. Fue corredactor en Porto Alegre, en marzo de ese mismo año, de uno de los cinco documentos base, titulado Estado y Sociedades Civiles, acceso a la tierra y desarrollo rural: reforzar las capacidades para nuevas normas de gobernanza. Es autor y coautor de varios libros de su especialidad, así como de un buen número de artículos científicos y de opinión en diversos medios nacionales e internacionales, habiendo sido también director de contenidos de la prestigiosa serie audiovisual Los Latidos de la Tierra. Profesionalmente, pertenece entre otras instituciones públicas o privadas al Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Valencia, a la Asociación Española de Economistas Agrarios, a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, al Consejo Asesor del Instituto Valenciano de Investigación y Formación Agroambiental, a la Fundación para el área mediterránea-latinoamericana, a la Association por l´Amélioration de la Gouvernance de la Terre, de l´Eau et des Ressources Naturelles de Paris.

Todo ello, mientras preside el prestigioso Centro de Estudios Rurales y de la Agricultura Internacional (CERAI-España), en calidad de lo cual ha participado esta misma semana en la Diputación cordobesa, como ponente en el Seminario Internacional sobre Derecho a la Alimentación y Soberanía Alimentaria que, organizado por la Cátedra de Estudios sobre el Hambre y la Pobreza, del área de solidaridad de la UCO, se inauguró el pasado día 3 por Federico Mayor Zaragoza , con la intervención al día siguiente del ministro Miguel Angel Moratinos, quienes reunieron en torno a ellos a un nutrido grupo de especialistas en el tema.

Sin duda, después de tan dilatada vida política y profesional, el profesor Vicent Garcés llega hasta tan significativa instancia. Algo importante, desde luego, para quien como él tiene tanta capacidad para aportar con sumo rigor en la Alta Magistratura europea. Allí, en el Parlamento de Bruselas, será la voz de la corriente de Izquierda Socialista del PSOE, dándose la mano con otros compañeros de la izquierda. Todo un honor, sin duda, para quien ya desde antes de su toma de posesión ha dejado su buen hacer, y aún no siendo partícipe de la posición adoptada por su predecesora en el cargo, Rosa Díez, sí que ha querido afirmar sobre ella que "hace falta mucha valentía y coherencia para hacer lo que ha hecho". Ese es el verdadero talante y la categoría humana y política de Vicent Garcés, al que deseo lo mejor en su nueva etapa que emprende en el corazón del Viejo Continente. Para él, salud y res publica.

* Catedrático