30 de març 2010

LA ECONOMÍA ESPAÑOLA EN LA ENCRUCIJADA

¡Ya no va más!

Juan Torres López*


La economía española se encuentra en una situación muy difícil. Su modus operandi de decenios anteriores está completamente agotado y la confluencia de tres factores decisivos (su pertenencia a una unión monetaria sin voluntad de disponer de políticas económicas que resuelvan las asimetrías que se dan entre los países que la componen, los rebrotes de la crisis financiera internacional y la peculiar situación de la política interna española) limitan casi totalmente la capacidad de maniobra que necesitaría el gobierno para logar que España saliera airosa de la situación.

La crisis y los problemas estructurales de la economía española: ¡ya no va más!

En España se produjo también la crisis estructural y el mismo tipo de ajuste neoliberal que en el resto del mundo y que, en última instancia ha sido el que ha provocado la última crisis financiera, una expresión más aunque mucho más grave de las consecuencias que lleva consigo el haber situado al capital y a la especulación financieros en el epicentro de la actividad económica. Pero aquí se ha producido un hecho diferencial que es el que a mi juicio explica que ahora esté sufriendo la crisis de modo también singularizado. Me refiero a la casi completa coincidencia de la crisis estructural y el ajuste con una salida pactada a la dictadura franquista que dejó en gran parte intactos sus modos de operar y los privilegios de los principales grupos de poder económico de la dictadura, y de ambas circunstancias con el tardío proceso de construcción del Estado de Bienestar en España que se inició en la transición y más concretamente con el primer gobierno del partido socialista.

La presencia combinada de todas esas circunstancias es lo que explica que ninguno de esos procesos haya salido como debiera haber salido para que hubiera fortalecido a nuestra sociedad y a nuestra economía. Y también algunos de sus rasgos estructurales que ahora pesan como una losa sobre nuestra economía:

- La debilidad de las clases trabajadoras y de sus sindicatos en contraste con el gran poder de los principales núcleos oligárquicos conformados durante la dictadura y que todavía siguen dominando los centros de gravedad de la economía española.
- La conformación muy imperfecta de instituciones decisivas como el mercado de trabajo (dual, de poder muy asimétrico y con fuertes residuos corporativos), el financiero (muy concentrado, protegido y con una perversa influencia sobre el poder político) y el propio sector público, poco eficaz como consecuencia de su gran dependencia de los intereses privados, lo que, entre otras cosas, ha impedido usar con toda su eficacia instrumentos esenciales de transformación social como la política fiscal (que no ha podido imponerse nunca sobre la aversión a los impuestos de las clases adineradas).
- Un gran déficit de capital social y humano y de estructuras de bienestar colectivo que ha influido negativamente en aspectos tan importantes como el desarrollo de la investigación y la innovación o la incorporación de las mujeres a los mercados laborales.
- La dificultosa y traumática vinculación de la economía española con el exterior, esclava del capital extranjero y obligada a competir mediante la especialización empobrecedora en bienes y servicios de poca calidad y bajo precio y recurriendo periódicamente a la devaluación.
- Una desigualdad originaria en el reparto de la renta que apenas si ha podido ser compensada por las políticas redistributivas y que en todo caso aumenta desproporcionadamente cuando éstas se debilitan.

El modelo social que nació de la combinación de estos rasgos es el que Vicenç Navarro ha denominado con toda razón como de bienestar insuficiente y democracia incompleta. Y el modelo productivo que se ha ido consolidando con esos mimbres es uno de baja productividad al estar basado en el uso más barato posible de la mano de obra; de escasa innovación y bajo valor añadido; dependiente del exterior y parasitario de los negocios, de las rentas y las subvenciones procedentes del sector público; de escasa fortaleza endógena debido a la desigualdad; altamente endeudado como consecuencia de la escasez de las rentas familiares y del poder político de la banca; desindustrializado como consecuencia de la externalización y de la supeditación a los intereses globales del capital extranjero que se ha hecho con las redes empresariales más importantes; con grandes tensiones sobre los precios como consecuencia del poder oligopólico que predomina en la mayoría de los mercados; altamente despilfarrador y gravoso para el medio ambiente; y, como consecuencia de todo ello, con una gran dependencia de la evolución del ciclo, tanto a la hora de generar actividad como, sobre todo, en cuanto a creación y destrucción de empleo se refiere.

Este modelo de crecimiento ya produjo en los primeros años de la transición, más tarde en los ochenta y en 1992-93 crisis y fases de gran debilidad y de pérdida de empleos, perturbaciones financieras muy costosas y desajustes con el exterior que, antes de entrar en la zona euro, se pudieron resolver, como he señalado, a base de sucesivas devaluaciones. Y lo que ha sucedido en los últimos años anteriores a la crisis actual es que todos estos rasgos se acentuaron e incluso se exageraron.

La entrada en el euro supuso inmensas entradas de capitales que favorecieron la acumulación de grandes patrimonios y un gran volumen de ahorro, si bien a cambio de perder la propiedad y el control sobre la práctica totalidad del aparato productivo, de una gran desindustrialización y de convertir así a la economía española en una fuente de renta para el capital extranjero a cambio de unos años de potentes ayudas y subvenciones que sostenían la demanda. Las reformas laborales permitieron la creación de miles de empleos precarios y de quita y pon. Los bancos, con la complacencia explícita de las autoridades monetarias, multiplicaron la oferta de crédito y el crédito abundante y más barato en términos reales en España que en el resto de Europa permitió mantener la demanda de consumo y que las empresas pudieran aumentar su poder de mercado y multiplicar sus beneficios. Los gobiernos establecieron las bases para un funcionamiento cada vez más especulativo y oligarquizado de la actividad económica, limitaron el esfuerzo para la creación de capital social (salvo en el caso de las obras públicas vinculadas al negocio de la construcción), renunciaron a establecer disciplina en los mercados, aliviaron las cargas fiscales sobre las rentas de capital, liberalizaron al máximo los mercados del suelo y la vivienda y todo ello alimentó una gigantesca burbuja inmobiliaria que se retroalimentó, proporcionando más liquidez y un incremento desorbitado de la deuda privada (lo que equivale a decir del negocio bancario, que llegó a ser en España mucho más rentable que en cualquier otro lugar de Europa).

En solo seis años, de 2002 a 2008 el crédito total a residente aumentó un 70% y el endeudamiento neto de la economía española, que había crecido un 82% entre 1999 y 2003, lo hizo un 243% en los cuatro años siguientes, dedicándose el 70% de la nueva deuda a la inversión en la burbuja inmobiliaria.

Para mantener el impresionante negocio de la burbuja los bancos y cajas españoles se endeudaron con otros bancos europeos. A diferencia de los de otros países, sus factor de riesgo no fue tanto la exposición a las hipotecas sub prime de Estados Unidos como la acumulación de activos vinculados a la burbuja inmobiliaria. Y, por eso, en lugar de ser receptores de riesgo por esa vía se convirtieron más bien en sus exportadores hacia los bancos que los habían financiado y que ahora se enfrentan temerosos a la situación económica de la banca y la economía españolas.

Por supuesto, ésta última sufrió el impacto de la crisis mundial. Era inevitable, aunque sus bancos no estuvieran tan directamente afectados por la difusión de hipotecas basura y sus derivados como los de otros países, porque, en todo caso, les afectaba el racionamiento del crédito que produjeron las quiebras bancarias y la desconfianza generalizada y, enseguida que estalló la burbuja en España, su propia descapitalización interna. Así que, al igual que en otros lugares, la banca española también cerró el grifo de la financiación a la economía provocando todo lo más que se podía extender la destrucción de actividad y de empleo.

Pero, a diferencia de lo ocurrido en otros países, el problema de la economía española era que hubiera entrado en crisis incluso aunque no se hubiera producido la financiera de nivel internacional. Agotado su modelo basado en la actividad inmobiliaria y en la generación de deuda privada, la economía española estaba condenada a caer en barrena con independencia de lo que hubiera sucedido con las hipotecas basura.

Sin capacidad de maniobra

Ante esta situación el gobierno reconoció, aunque muy tardíamente que la economía española no puede seguir desenvolviéndose como hasta ahora y ha propuesto un cambio de modelo y la puesta en marcha de estrategias de recambio productivo. Aunque la mayoría de ellas se las ha llevado el viento de la recesión cuando el gasto para evitar el colapso y satisfacer la demanda de recursos de la banca ha desbocado el déficit público, que ha llegado al 11,4% del PIB en 2009.

Así se ha alcanzado una encrucijada muy delicada porque, por un lado, haría falta más gasto contracíclico pero, por otro, no hay ya prácticamente más capacidad para aportarlo. O se incurre en un gran sobrecoste en los mercados y se sufren los ataques especulativos y la extorsión política orientada a garantizar el pago y a evitar que de esa forma se afecte no solo a la imagen como deudor de España sino a la divisa europea... o se cambia de política, algo a lo que no parece estar muy dispuesto el gobierno ni para lo que se ha generado el clima y el poder social que pudieran hacer factible el cambio de estrategia.

Lo que está ocurriendo entonces es que, en lugar de que España viva una evolución de la crisis más o menos acompasada con el resto de los países centrales de la Unión Monetaria, sufre lo que llamamos un típico impacto asimétrico con respecto a ellos y como consecuencia, en este caso, de la debilidad añadida que le produce su modelo económico agotado.

El problema al que ahora se enfrenta España es el que advertimos muchos economistas en su día: una unión monetaria imperfecta que no dispone (porque se ha renunciado explícitamente a ello) de mecanismos de coordinación y reequilibrio. Los teóricos de las uniones monetarias demostraron hace años que, en esas condiciones, es inevitable el desenganche de las economías impactadas, que sufren un deterioro en actividad y empleo que puede llegar a ser irreversible.

En esta coyuntura se añade además un factor que agrava la situación. Sabiéndose que es inevitable que se produzca, como se está produciendo, este desenganche, y conociéndose que la Unión Europea no tiene hoy día otra respuesta política que el más de lo mismo y ningún instrumento económico que pueda evitarlo, se está haciendo una verdadera y explícita llamada a quienes sostienen la deuda de la periferia europea, que seguramente no es ni la más elevada ni la más arriesgada desde el punto de vista de los compromisos de pago, pero sí la soportada por los estados política y económicamente más débiles y maniatados.

Es verdad que eso ha sido siempre así, o al menos eso es lo que ha ocurrido en los últimos decenios en diversos países y situaciones. Pero ahora el agravante es que, como secuela de los continuos ramalazos de la inconclusa crisis que vivimos, y como resultado de la financiación tan generosa de los bancos centrales y gobiernos a la banca internacional, la especulación financiera se encuentra de nuevo desatada.

La criminal paradoja que se está produciendo es que los bancos crearon la crisis, hundieron las economías, obligaron a que los estados se endeudaran para salvarlos y evitar la debacle y, puesto que ya no disponen de banca pública que hubiera podido hacerlo en otras condiciones, deben recurrir a los propios bancos privados que provocaron la crisis que así hacen ahora un negocio redondo suscribiendo la deuda. Y gracias al poder que mantienen impondrán condiciones draconianas a los gobiernos para que los recursos vayan, antes que nada, a retribuirla y garantizarla.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar la debilidad añadida que provoca la peculiar situación política española. La derecha, en una gran parte formada y consolidada en torno a los grupos de poder nacidos del franquismo, no está dispuesta de ninguna manera a ceder en la presión continua al gobierno que, para colmo, se viene enfrentando a la crisis con análisis erróneos, zigzagueando, sin proyecto, cada vez con menos credibilidad y con un liderazgo social más debilitado que nunca. Y, por otro lado, los sindicatos no terminan de tomar el timón de los intereses de las clases trabajadoras y los grupos a la izquierda del partido socialista se encuentran divididos y debilitados.

España lo tiene difícil. No puede hacer frente a la quiebra de un modelo y a la ofensiva especuladora por sí misma porque ni tiene fuerza endógena ni instrumentos para hacerles frente. No tiene salida sin Europa pero el neoliberalismo que impregna a esta Europa es el responsable de gran parte de sus males.

*Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla. Publicado en Le Monde Diplomatique, marzo 2010.

24 de març 2010

VIA FEDERAL

La setmana passada Ciutadans pel Canvi de Catalunya (CpC) va iniciar la campanya Via Federal, tot i que ja fa molt de temps que s’està fargant a la cuina de CpC. A l’Ateneu Barcelonès es va presentar el següent Decàleg Federal:

1 – Govern compartit
2 – Plurinacionalitat de l’Estat Federal
3 – Cooperació i coordinació Federal
4 – Plena oficialitat de totes les llengües de l’Estat Federal
5 – Competències (simetria i asimetria)
6 – Finançament Federal
7 – Justícia Federal
8 – Infrastructures en xarxa
9 – Seus descentralitzades
10- Lliure Federació

Tot això, es clar, a partir d’una reforma de la Constitució. L’estat de les autonomies ha tocat sostre. Ho demostra la retallada que va patir l’Estatut que va aprovar el Parlament de Catalunya, i també que ara mateix es trobi al Tribunal Constitucional (el qual, paradoxes de la vida, incompleix la mateixa Constitució) doncs així ho va decidir el Partit Popular en utilitzar-lo com a arma contra el partit socialista que governa l’estat espanyol.

Hem de tenir molt clar què per tenir quelcom diferent del que hi ha ara, tot passa per la reforma constitucional. Es clar que parlo d’una via democràtica, ja que per les armes (ja sigui per un cop d’estat feixista, ja sigui per una revolució independentista, ja sigui pel terrorisme de bandes o d’estat) és molt evident que per sentit comú ho deixo de banda.

Via Federal no és un camí fàcil de fer. Hi ha molts interessos nacionalistes, de tots els colors i de tota procedència, que no ho volen. Ara coexisteixen dos models que es retroalimenten fins arribar a la pròpia dependència l’un de l’altre. L’un, és l’immobilisme conservador d’un espanyolisme ranci, obsolet i absolutista, que viu en un mon passat (molt llunyà) i basat en un colonialisme conqueridor i acostumat al vassallatge. L’altre, és el model del vull però no puc i somio amb el que podria ser, el d’un independentisme que viu ancorat en els seus ideals i en els desitjos de lliurar-se’n d’un jou opressor que va existir fa cinquanta anys.

El Federalisme és una resposta clara a aquests dos models, i també ha de ser el futur de Catalunya, d’Espanya i d’Europa.

Per a més informació: www.viafederal.cat

20 de març 2010

SOBRE IZQUIERDA SOCIALISTA

LA IZQUIERDA SOCIALISTA, EN LA ENCRUCIJADA.

Detrás de este pomposo título, se esconde únicamente la preocupación por la trayectoria de una corriente que sobrevive en el seno del PSOE desde hace treinta y un años. Una corriente que si por algo se ha significado es por su lealtad con el proyecto democráticamente aceptado por la militancia, desde una posición crítica pero determinadamente constructiva. Quizá hablar de encrucijada es, además de pomposo, algo exagerado pues la Corriente ha estado en infinidad de encrucijadas y todavía, a día de hoy, sigue viva.

Después de la reunión celebrada en Madrid en el mes de octubre, los esfuerzos, no solo por mantener, sino por relanzar la corriente como instrumento de transformación interna en el Partido Socialista, se redoblaron por parte de los militantes adscritos a Izquierda Socialista. Esto, propició, la aparición de páginas, blogs, presencia en redes sociales, etc. No obstante esta aparente efervescencia no ha tenido una transferencia en su actividad orgánica.

El que Izquierda Socialista es un sector minoritario en el PSOE, no solo es un hecho, sino una realidad palpable. Solo tres diputados se adscriben públicamente a la corriente en el parlamento de Madrid y no se sabe cuantos cargos públicos u orgánicos en el resto de la organización. Y no se sabe, simplemente porque no hemos hecho el esfuerzo de tener un mínimo censo oficioso de adscritos y simpatizantes, cuestión que debe anotarse en el debe de una corriente que, a pesar de minoritaria, se autodefine con vocación de lo contrario.

Conozco el trabajo que en otras federaciones se está haciendo, incluso la organización oficial de sectores en Navarra y otros lugares. En Alicante, hace meses se celebró una reunión para adaptar nuestra estructura a la nueva organización provincial y todavía estamos muchos de nosotros a la espera de que se inicie la andadura que nos presente a la sociedad y a nuestra propia organización como una plataforma, un foro de opinión cuyo objetivo es revertir el proceso de derechización que se está produciendo cíclicamente en nuestro partido. Considero, y así lo he afirmado en cuantas ocasiones he tenido ocasión, que nuestro objetivo debe ser crecer. Y crecer para convertirnos en un referente de cambio y un claro contrapeso al sector social liberal en nuestra organización. Pero para crecer hay que presentarse a la militancia y a la sociedad como lo que somos: militantes del PSOE, leales pero críticos, que consideramos que la izquierda debe volver a conectar con la sociedad desde una pacto ético e ideológico con los/as trabajadoras/es como referente social del socialismo ahora y siempre.

Si no asumimos nuestra responsabilidad como socialistas comprometidos con nuestras ideas y aglutinados en Izquierda Socialista, corremos el riesgo de convertirnos en ese pepito grillo, en esa conciencia crítica simpática sin más relevancia. Y eso no es lo que queremos los muchos que estamos en este partido, principalmente por la existencia de Izquierda Socialista y que seguimos considerando que el socialismo tiene la misión histórica de transformar la sociedad en beneficio de la clase trabajadora, como organización mayoritaria de la izquierda en nuestro país.

http://esquerrasocialistaenelcampello.blogspot.com/

16 de març 2010

SOBRE VENEZUELA

LA LENGUA, EL CEREBRO Y EL ALMA DE LA (EXTREMA) DERECHA EN VENEZUELA Y EN ESPAÑA

Juan Torres López*

Hace unos días puse en mi web el siguiente texto: Como esto no lo cuentan los medios españoles, lo contaré yo: "El presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE) venezolano, Elías Eljuri, informó que la pobreza en Venezuela disminuyó en el segundo semestre de 2009 al 23 por ciento, 47 puntos menos que el índice del año 1996, cuando la pobreza extrema superaba el 40 por ciento y la inflación era del 103 por ciento.

"A muchos de estos políticos e intelectuales parece que se les olvidó que llevaron la inflación a 100 por ciento y la pobreza a 70 por ciento cuando ellos mismos gobernaban", indicó Eljuri.
 Afirmó que Venezuela posee el índice de Gini (que mide la desigualdad en los ingresos) más bajo de América Latina el cual alcanzó el 0,39 por ciento en 2009.

De acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el coeficiente de Gini revela que el promedio de desigualdad en Venezuela para el año 2008 se ubicó en 0,41, con lo cual se reconoce un notable avance en comparación con el resto de América Latina.
 "Esto es distribución de la riqueza. Todavía sigue habiendo una gran apropiación del ingreso en un 20 por ciento más rico. Esa distribución igual no nos satisface. Tiene que incrementarse y desarrollarse, y eso sólo es a través de un cambio estructural más profundo", expresó.
 Afirmó que las cifras del INE tienen el respaldo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y del Banco Mundial (BM)". (La fuente era TELESUR)

A las pocas horas, un personaje, no sé si español o venezolano, pero desde luego expresivo de lo que tiene en la lengua, en el alma y en el cerebro la extrema derecha que se opone al gobierno de aquel país, dejaba en mi web el siguiente comentario:

¡CUÁNTO HIJO DE PUTA! Cuánto hijo de la gran puta pulula por estos lares que todavía siguen dando pábulo a un gobierno que protege a terroristas etarras. Cuánto hijo de puta a quien pagamos el sueldo todos los españoles. De valiente mierda están hechos estos pedazos de sinvergüenzas. Encima y para colmo se cree las cifras dadas por el hijo de perra venezolano. ¿A que también han bajado las cifras de pobreza en Cuba?, subnormal profesorucho, cuando no hay más que pobres y han desaparecido las clases medias y altas, ¿con qué rentas se van a comparar? Y que la Universidad dé cabida a semejantes bestias. ¡¡Váyase al pedo!!

No les basta que sean datos avalados por el Banco Mundial, las Naciones Unidas y la CEPAL, o que el juez que dice que Venezuela apoya a ETA sea un activista del PP y que lo diga sin aportar prueba alguna y a pesar de que Chávez ha condenado en multitud de ocasiones el terrorismo.

No. Si algo contradice lo que ellos piensan, es falso. Y si alguien hace algo que limita aunque sea un centímetro sus privilegios para repartir la riqueza y favorecer también a los empobrecidos, se tiran a su cuello sin demora ni freno.

Ellos son los patriotas, aunque saboteando la riqueza de su país con tal de que no la disfruten otros que no sean ellos. Son las gentes de bien, aunque combaten a Chávez reclamando su magnicidio. Son los demócratas, aunque se limitan a insultar a quienes saludamos a un pueblo que lucha por ser libre y nos solidarizamos con su esfuerzo tan difícil y a contracorriente. ¡Valientes patriotas! ¡Valientes demócratas!¡Valiente gente de bien!

Hagan lo que hagan Chávez y los desheredados, el odio de sus opositores será el mismo. Lo que les enrabia no es que se hagan mal las cosas, sino que ya no las hacen ellos sino los que antes, cuando el país era suyo, no contaban para nada.

Lo que les molesta no es que los bolivarianos consigan más o menos de los avances que se proponen, sino que quienes nunca valieron nada dirijan ahora la sociedad. Lo que buscan no es lograr que su país avance más que con la revolución bolivariana, sino que sean solo los de siempre quienes sigan diciendo dónde hay que ir.

Lo que les saca de quicio no es que la economía esté peor o mejor, sino que no sea todo para las mismas clases privilegiadas de siempre. Lo que les enfurece es que los desheredados, los invisibles ("antes no había pobres en Venezuela, los ha traído Chávez", dicen), los que antes no eran nadie y no valían nada, valgan ahora, como ciudadanos, lo mismo que ellos, los únicos que valían antes.

Les molesta ver el protagonismo de esos nadies, de los que nunca tuvieron colegios de pago ni buena educación o buenos médicos a su disposición, ni hogares bien amueblados, ni padres que estudiaron en medio mundo, ni coches lujosos, ni dientes bien arreglados, ni sonrisas perfectas, ni cabellos dorados, ni los cuerpos remendados de tanta operación.

Les molesta que los pobres, los miserables, los indígenas, los mulatos, los negros (los llaman "monos", como al presidente), las mujeres pobres de los barrios, los niños con mocos, los ciudadanos humildes, o menos humildes pero simplemente solidarios, sean los que dispongan ahora cómo será el futuro de su tierra.

Eso es lo que les molesta, porque saben que si los miserables siguen adelante (en Venezuela como en cualquier parte) estarán en peligro sus privilegios de siempre. Por eso quieren acabar con Chávez y por eso nos insultan a los que estamos junto a los que nunca tuvieron nada pero que, justamente por eso, son los que se merecen todo.

* Juan Torres, Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla
http://www.surysur.net/?q=node/13137

08 de març 2010

PARA REFLEXIONAR

SOCIALDEMOCRACIA, FIN DE CICLO

Ignacio Ramonet. Le Monde Diplomatique


Las ideas también mueren. El cementerio de los partidos políticos rebosa de tumbas en donde yacen los restos de organizaciones que otrora desataron pasiones, movieron a multitudes y hoy son pasto del olvido. ¿Quién se acuerda en Europa, por ejemplo, del Radicalismo? Una de las fuerzas políticas (de centro-izquierda) más importantes de la segunda mitad del siglo XIX, que los vientos de la historia se llevaron... ¿Qué fue del Anarquismo? ¿O del Comunismo estaliniano? ¿Qué se hicieron aquellos formidables movimientos populares capaces de movilizar a millones de campesinos y obreros? ¿Qué fueron sino devaneos? (1)

Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro... Su ciclo de vida parece acabarse. Y lo más incomprensible es que semejante perspectiva se produce en el momento en que el capitalismo ultraliberal atraviesa uno de sus peores momentos.

¿Por qué la socialdemocracia se muere, cuando el ultraliberalismo se halla en plena crisis? Sin duda porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular. Navega a tientas, sin brújula y sin teoría; da la impresión de estar averiada, con un aparato dirigente enclenque, sin organización ni ideario, sin doctrina ni orientación... Y sobre todo sin identidad: era una organización que debía hacer la revolución, y ha renegado de ese empeño; era un partido obrero, y hoy lo es de las clases medias urbanas acomodadas.

Las recientes elecciones han demostrado que la socialdemocracia europea ya no sabe dirigirse a los millones de electores víctimas de las brutalidades del mundo postindustrial engendrado por la globalización. Esas multitudes de obreros desechables, de neo-pobres de los suburbios, de mileuristas , de excluidos, de jubilados en plena edad activa, de jóvenes precarizados , de familias de clase media amenazadas por la miseria. Capas populares damnificadas por el shock neoliberal... Y para las cuales, la socialdemocracia no parece disponer de discurso ni de remedios.

Los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009 demostraron su descalabro actual. La mayoría de los partidos de esa familia en el poder retrocedieron. Y los partidos en la oposición también recularon, particularmente en Francia y en Finlandia.

No supieron convencer de su capacidad para responder a los desafíos económicos y sociales planteados por el desastre del capitalismo financiero. Si faltaba un indicio para demostrar que los socialistas europeos son incapaces de proponer una política diferente de la que domina en el seno de la Unión Europea, esa prueba la dieron Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero cuando apoyaron la bochornosa elección a la Presidencia de la Comisión Europea del ultraliberal José Manuel Duraõ Barroso, el cuarto hombre de la Cumbre de las Azores...

En 2002, los socialdemócratas gobernaban en quince países de la Unión Europea. Hoy, a pesar de que la crisis financiera ha demostrado el impasse moral, social y ecológico del ultraliberalismo, ya sólo gobiernan en cinco Estados (España, Grecia, Hungría, Portugal y Reino Unido). No han sabido sacar provecho del descalabro neoliberal. Y los Gobiernos de tres de esos países -España, Grecia y Portugal, atacados por los mercados financieros y afectados por la "crisis de la deuda"- se hundirán en un descrédito e impopularidad aún mayores cuando empiecen a aplicar, con mano de hierro, los programas de austeridad y las políticas antipopulares exigidas por la lógica de la Unión Europea y sus principales cancerberos.

Repudiar sus propios fundamentos se ha vuelto habitual. Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidió alentar las privatizaciones, estimular la reducción de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongación de la edad de jubilación, practicar el desmantelamiento del sector público, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos. Lleva años aceptando, sin gran remordimiento, convertirse al social-liberalismo. Ha dejado de considerar como prioritarios algunos de los objetivos que formaban parte de su ADN ideológico. Por ejemplo: el pleno empleo, la defensa de las ventajas sociales adquiridas, el desarrollo de los servicios públicos o la erradicación de la miseria.

A finales del siglo XIX y hasta los años 1930, cada vez que el capitalismo dio un salto transformador, los socialdemócratas, casi siempre apoyados por las izquierdas y los sindicatos, aportaron respuestas originales y progresistas: sufragio universal, enseñanza gratuita para todos, derecho a un empleo, seguridad social, nacionalizaciones, Estado social, Estado de Bienestar... Esa imaginación política parece hoy agotada.

La socialdemocracia europea carece de nueva utopía social. En la mente de muchos de sus electores, hasta en los más modestos, el consumismo triunfa, así como el deseo de enriquecerse, de divertirse, de zambullirse en las abundancias, de ser feliz sin mala conciencia... Frente a ese hedonismo dominante, machacado en permanencia por la publicidad y los medios masivos de manipulación, los dirigentes socialdemócratas ya no se atreven a ir a contracorriente. Llegan incluso a convencerse de que no son los capitalistas los que se enriquecen con el esfuerzo de los proletarios, sino los pobres quienes se aprovechan de los impuestos pagados por los ricos... Piensan, como lo afirma el filósofo italiano Raffaele Simone, que "el socialismo sólo es posible cuando la desgracia sobrepasa en exceso a la dicha, cuando el sufrimiento rebasa con mucho el placer, y cuando el caos triunfa sobre las estructuras" (2).

Por eso quizá, y en contraste, está renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Mientras en Europa, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo.

Notas: (1) Jorge Manrique, "Coplas a la muerte de su padre" (1477). (2) Raffaele Simone, "Les socialistes proposent toujours le sacrifice", en Philosophie Magazine , n° 36, febrero de 2010, París.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main